Seguiré mañana con esta colección de insensates inconexas que Internet ha dado en llamar Blog.


Al entrar en el aseo hoy después de mi descanso tras el almuerzo, me he percatado de que en mí se ha producido un cambio. El primer cambio se produjo cuando cumplí los cuarenta años. El tiempo pasó a ser contado no por una suma, sino por una resta. La cuestión no era cuántos años se añadían a mi vida, sino cuántos quedaban pululando todavía en la bolsa de mi existencia. En realidad me apercibí del meridiano a los 36, una línea clara, nítida, de contornos rectilíneos se perfilaba delante de mí. De pronto se veía desde el puente del barco. Me habían hablado de ese meridiano. Ahora se hallaba a la vista. Desde luego a los 38 ya me sentí en el meridiano. Cumplir los cuarenta sólo supuso una forma más simple de hacer la resta. La resta frente no a un meridiano, sino frente a un Finis Terrae.
Pues bien, si los cuarenta marcaron un tan grande cambio vital en el espacio-tiempo de mi vida. En el año 2012 se ha producido un cambio dentro del cambio. Por primera vez, tengo la sensación de que no soy yo, sino la civilización que me rodea la que ha entrado en una nueva fase. Convencido como estoy de que la crisis económica no es más que una consecuencia de una crisis moral, estoy íntimamente convencido de que hasta ahora me ha tocado vivir una época aúrea de paz y prosperidad. Y que ahora nos adentramos en una época de cambios cada vez más rápidos. Una época que nos llevará a un neofascismo.

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